David fue el octavo y último hijo de Jesé (Rut 4:22), un ciudadano de Belén. Aparentemente su padre era un hombre de vida humilde. El nombre de su madre no ha quedado registrado. En cuanto a la apariencia de David, es descrito como un hombre guapo, bien parecido y de hermosa presencia (Samuel16:1217:42).



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Su primera ocupación fue atender los rebaños de su padre en las llanuras de Judá. De lo que sabemos de su historia posterior, sin duda, él pasaba su tiempo, mientras vigilaba al carnero, con sus instrumentos musicales (flauta y arpa). Sus primeras hazañas registradas fueron sus encuentros con las fieras salvajes. El decía que con su propia mano y sin ayuda había matado a un león y a un oso, cuando intentaron atacar su rebaño, pegándoles hasta matarlos con un palo (Samuel 17:34,35).



Mientras David se involucraba cada vez más con el trabajo de pastor, Samuel realizo una visita a Belén. Allí ofreció sacrificios y convocó a los ancianos de Israel y a la familia de Jesé a la comida de sacrificio. Allí el profeta reconoció en David al elegido de Dios, señalado para suceder en el trono al Rey Saúl, quien se estaba alejando de los caminos de Dios.



David fue ungido con aceite en su cabeza con arreglo a la Ley. Tras este suceso, regresó a su vida como pastor de ovejas, pero “el Espíritu del Señor llegó a David desde ese día en adelante” y “el Espíritu del Señor se alejó de Saúl” (Samuel 16:13, 14).


No mucho después de este suceso, David fue enviado a calmar con su arpa el atormentado espíritu de Saúl, quien sufría los ataques de un espíritu malo enviado por Dios Samuel 16:14 . David tocó su arpa de forma que logró dar alivio a Saúl y este comenzó a sentir afecto por el joven pastor de ovejas. Después de esto, David volvió a Belén, destacando posteriormente en las guerras contra los filisteos. Los ejércitos filisteo e israelita libraron una batalla en el valle de Elah, unas 16 millas al Sur-Oeste de Belén, adonde fue enviado David por su padre para llevar provisiones a sus tres hermanos, que luchaban al lado del rey.


Cuando llegó al campamento israelita, David, ahora un joven (Samuel 17:42), se enteró que el campeón de los filisteos, Goliat de Gath, vino a desafiar a Israel. David juró pelear con el campeón filisteo y Saúl le ofreció su propia armadura real para hacerlo, pero David la rechazó ya que no estaba acostumbrado a usarla y se sentía incómodo con ella.



David sólo tomó su honda, y con su entrenada puntería arrojó un guijarro de río que golpeó la frente del gigante, de forma que éste cayó al suelo inconsciente. Entonces David corrió a cortar la cabeza de Goliat con su propia espada (Samuel 17:51). El resultado fue una gran victoria para los israelitas, quienes persiguieron a los filisteos hasta las puertas de Gath y Ecrón. Sin embargo, la popularidad que David consiguiera con su heroísmo despertó los celos de Saúl (Samuel 18:6-16), la cual se hizo notar en varias formas. Fue creciendo en el rey un odio hacia la persona de David, y urdió varias estrategias para acabar con su vida (Samuel 18:29). No obstante, todos los complots del cada vez más enfurecido rey fueron inútiles.


La admiración del pueblo por David aumentaba, al igual que la de Jonatán, el hijo de Saúl, quien tenía una profunda amistad (interpretada como amor viril) con David. Saúl llegó al extremo de ordenar a todos sus ejércitos mandar a matar a David sea donde fuera pero gracias a la ayuda de Jonatán, David se salvó ocultándose en las cavernas de ‘Adullam.



Mientras duró esta persecución de Saúl, David vivió en el exilio y aceptó como fortaleza la ciudad de Ziklag del rey filisteo Achish de Gath (Samuel 27:2-6). Hasta la muerte de Saúl en Gilboa, David trabajó como general mercenario para los filisteos.



David volvió a Israel bajo órdenes de Dios (Samuel 2) después de la muerte de Saúl y Jonatán y el período de luto. Volvió a Hebrón donde la gente de su tribu nativa, la tribu de Judá, lo eligió como su rey. Las tribus del norte, por el contrario, no reconocían a David, y en cambio, seguían al hijo de Saúl, Isbaal.



Sobrevino una guerra civil entre Judá (seguidores de David) y las tribus del norte (seguidores de Isboset). Eventualmente, Abner, el comandante y asesor de Saúl, se fue desilusionando de Isbaal y cambió de bando al lado de David. La guerra terminó cuando Isboset fue asesinado en el año 991 a. C.



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